Exoterismo y Esoterismo: el lenguaje visual como puente o ruptura del sentido

Exoterismo y Esoterismo: el lenguaje visual como puente o ruptura del sentido 535 539 Lucas Ferz

Exoterismo y Esoterismo: el lenguaje visual como puente o ruptura del sentido

Por Lucas Ferz

Vivimos tiempos donde lo espiritual se exhibe más que nunca. Astrología, energía, meditación, tarot, chakras, geometría sagrada… todo está disponible a un clic, una imagen con alguna frase de autoayuda o una historia en redes. Lo que alguna vez fueron vías simbólicas hacia un trabajo interior, hoy se presentan bajo formas simplificadas, accesibles, amables al consumo. Y ahí es donde aparece el problema: no en la existencia del exoterismo, sino en que su escenografía espiritual, en lugar de orientar hacia lo esotérico, termina entorpeciendo o desviando ese tránsito.

Lo exotérico —la forma, la imagen, la superficie— tiene un lugar legítimo. No hay camino hacia lo profundo sin atravesar alguna forma. La imagen es necesaria. Lo visible organiza el acceso. Pero cuando ese lenguaje visual exotérico se convierte en contenido por sí mismo, cuando su diseño deja de funcionar como puente hacia lo esotérico y empieza a volverse un fin en sí mismo, se pierde todo vínculo con lo esotérico. Se produce una estetización de lo espiritual que lo vuelve estéril.

Esta confusión no solo degrada el contenido, sino que también empobrece la forma. Porque el exotérico, lejos de ser un enemigo del esoterismo, debería ser su aliado formal. Su puerta de entrada. Su contorno. Su envoltorio digno. Pero si esa estética se vacía de función simbólica y se vuelve espectáculo, el exoterismo deja de acompañar para convertirse en simulacro. Y entonces ya no hay tránsito: hay ruptura del sentido simbólico.

El Ki, por ejemplo, en la tradición oriental, es una experiencia perceptiva del cuerpo, no una teoría energética ni un lenguaje de autoayuda. Pero cuando esa vivencia se traduce en «tips energéticos» o recetas de bienestar, se reduce a una caricatura. La escenografía espiritual se mantiene, pero la dimensión iniciática se desvanece. Se muestra, pero no se encarna.

Con la astrología pasa algo similar. Su estructura profunda fue absorbida por una lógica de consumo emocional. Se mantiene el símbolo, pero se vacía su gramática. Se reproducen signos, pero no se recorren. El mapa se convierte en respuesta, no en travesía. El exotérico sobrevive como diseño, pero sin puente hacia lo interior. De allí surgen ciertos lenguajes visuales que lo reducen todo a sahumerios, frases motivacionales y escenografías lunares, como si el símbolo se agotara en el decorado.

En el teatro también ocurre: la escena, antes ritual y umbral, se vuelve producto. El cuerpo, que era médium del símbolo, se convierte en plataforma de emociones socialmente aceptadas. Lo visible se llena de mensaje, pero pierde potencia. La forma actoral ya no sugiere lo invisible, sino que ilustra lo obvio. Y así, otra vez, la forma que debía invocar lo profundo, lo neutraliza.

El cine sufre lo mismo: imágenes con diseño impecable, mensajes claros, personajes que encarnan causas más que conflictos. La imagen ya no convoca arquetipos, sino slogans. Ya no hay atmósfera, hay contenido dirigido. Lo simbólico se transforma en moralina. Y lo moral desplaza lo arquetípico.

No se trata de eliminar el exotérico, sino de devolverle su dignidad simbólica. Que su forma sea coherente con lo que anuncia. Que no suplante al esoterismo, sino que lo prepare. Que su diseño no sea una pose, sino un umbral.

Lo esotérico no es especial por ser oculto. Es especial porque no puede ser masificado sin perder su potencia. Requiere entrega, disposición, despojo. No se impone, se manifiesta cuando hay cuerpo, atención y escucha. Y si el lenguaje visual no permite ese ingreso, entonces confunde.

En el laboratorio intentamos sostener esta distinción: que la forma no sea solo apariencia, sino preparación. Que el símbolo no sea decoración, sino tránsito. Que la imagen no sea literal, sino umbral. Donde el cuerpo no sea un escenario, sino una grieta por donde lo invisible toma forma.

Laboratorio actoral: cuerpo, símbolo y escena.
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