Detección de Mentiras en la Actuación: la verdad del cuerpo en el arte de representar

Detección de Mentiras en la Actuación: la verdad del cuerpo en el arte de representar 535 539 Lucas Ferz

Detección de Mentiras en la Actuación: la verdad del cuerpo en el arte de representar

Por Lucas Ferz

La actuación implica una forma de mentira, sí, pero no en el sentido en que suele entenderse de forma generalizada. No es una trampa ni un engaño con fines personales. Muchas personas asocian mentir únicamente con decir algo falso. Pero la definición más rigurosa, adoptada Ekman y Friesen (pioneros en el estudio del comportamiento no verbal y las emociones humanas) desde una perspectiva mas técnica y estructurada, incluye también otros matices: mentir es también omitir una verdad que podría cambiar las decisiones del otro. Es callar algo clave, encubrir una emoción, desviar la atención, o suavizar un gesto que traicionaría la intención real. Eso también es mentir, aunque no se diga ninguna falsedad literal.

Por eso, en actuación, la relación con la mentira es más compleja. Es una mentira ritualizada, consciente, compartida. Viene del latín mentiri: fingir, inventar con la mente. Y eso hace el actor: inventa un mundo, finge una emoción, presta su cuerpo a otra voz. Pero lo hace no para confundir, sino para revelar. No oculta, sino que ofrece. La escena es ese lugar extraño donde la mentira, cuando está bien hecha, puede generar una verdad más profunda que muchos hechos reales.

Lo interesante es que esa mentira tiene cuerpo. No puede sostenerse solo con técnica o con palabras. Si el cuerpo no acompaña, si la voz no sostiene, si el gesto se desentiende de lo que se dice, la mentira se desarma. Es ahí donde entra la Comunicación No Verbal (CNV): como radar, como brújula. La CNV en el actor no se usa para delatar al personaje, sino para detectar el momento exacto en que el actor se ausenta. Esa fisura, ese pliegue, es lo que trabajamos.

En el laboratorio actoral, esa tensión es el punto de partida. Usamos la CNV no como catálogo de gestos sino como práctica perceptiva: afinamos el cuerpo para que delate cuando no está sintonizando. Y la mentira se vuelve ahí una oportunidad: un umbral, un llamado a profundizar. El cuerpo nunca miente, dicen. Pero lo interesante es cuando lo intenta. Ahí aprendemos.

Somos, en cierto modo, detectores de verdades. No buscamos una estética de lo correcto ni una ilusión técnica: buscamos verosimilitud. Esa cualidad que no se puede fingir del todo, que sólo aparece cuando algo se alinea, cuando hay presencia real detrás del artificio. La actuación efectiva no es la que disimula la mentira, sino la que sabe moverse con precisión entre verdad y ficción, sin perderse.

Para potenciar esta investigación, traemos herramientas simbólicas como el zodíaco. No como terapia o predicción, sino como cartografía expresiva. Escorpio, por ejemplo, nos invita a mirar lo que se esconde; Virgo, lo que se controla; Géminis, lo que se fragmenta. A través de estas claves, el cuerpo del actor se vuelve más legible. Vemos cómo se protege, cómo se traiciona, cómo se filtra.

También recurrimos al cine: analizamos escenas donde el artificio se cae, donde el actor «se va», donde el cuerpo dice algo que el texto niega. O al revés, donde todo encaja y la mentira se vuelve verdad asumida. Ahí aprendemos a ver, a escuchar, a ajustar.

Como decía Paul Ekman: «El rostro puede mentir y decir la verdad al mismo tiempo». La tarea del actor es moverse en ese borde. No eliminar la mentira, sino habitarla con precisión, conciencia y entrega. Porque, en definitiva, actuar no es no mentir. Es mentir de tal forma que el otro pueda creer, sentir, emocionarse. Y ahí, sí: aparece algo verdadero.

Laboratorio actoral: cuerpo, símbolo y escena.
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